La cosa es más o menos así: un alfajor en su estado puro se forma con: dos tapas (blandas), dulce de leche y baño de chocolate.
Podemos discutir si la versión extendida (léase: el triple) es mejor o no. Pero no dudamos que tienen una relación de género y especie.

Entonces, ¿qué lleva a las fábricas de alfajores a ponerles “mus” de chocolate, dulce de frutilla, merengue o cualquier otra cosa que no sea dulce de leche? ¿Por qué atentar con la naturaleza misma del alfajor?… ¡¡¡Por qué!!!

¿Acaso se creen que el alfajor es un sanguche y que le pueden poner cualquier cosa adentro?
Y también me pregunto, con la misma indignación: ¿Por qué carajo le ponen esas tapas duras, casi crocantes?

Ayer fui al quiosco, quería comer un alfajor. Me encontré con que casi no hay alfajores normales, básicos, clásicos… bah! Alfajores. Había un montón de cosas que serán muy ricas (o no) pero alfajores no son. Convengamos que no cualquier cosa que se ponga entre dos galletas y se lo bañe con chocolate es un alfajor.

La revolución de la golosina en que nos sumergió el menemismo tiene como resultado la alienación absoluta del alfajor, la golosina argentina por excelencia. Estamos perdiendo la identidad.

Duda: No estoy seguro si tendrá conexión, pero la invasión de barras de cereales alguna responsabilidad puede tener en todo esto, voy a investigarlo.

Consuelo: Por suerte, en Retiro te venden los Guaymallen a un precio muy accesible… Todavía hay esperanzas.