Hay pequeñas cosas que nos dan placer y hacen de este mundo un lugar mejor. A veces no es dificil encontrarlas. Muchas veces están ahí, al alcance de la mano.
Si bien la frase parece propia de la primera filmina de un powerpoint pseudoevangelista con amaneceres y cachorritos no voy para ese lado. Esto va más allá, por ejemplo, de los caprichos de EEUU, Israel y sus vecinos por cagarse a tiros. Porque eso no me importa. Me refiero a esas cosas mínimas que hacen que valga la pena estar vivo.
Hace unos días, sábado o domingo, iba por el supermercado buscando algo para mi almuerzo de las 16 hs. (a la misma hora que sale el tren de Pappo) y en una góndola me encontré con el conejo de Nesquik que desde una bolsita me decía: sabor a "Bananita Dolca".
Y para enteder la dimensión de esto, hagamos un paréntesis. Sin entrar en un debate sobre las golosinas, tema controvertido y espinosa a la hora del debate, la Bananita Dolca es el paradigma de la golosina. No muchas cosas me parecen tan golosinamente ricas como ella. Eso por un lado.
Por el otro, el Nesquik. Que sabemos que si Nestlé no lo inventaba la industria lechera se iba al tacho (ja! si lo pensas un poco, parece un chiste y todo).
Porque está bien, la leche sola no sabe mal y se que hay gente que encuentra placer en beberla directamente de la cajita (sachet o botella). Yo soy uno de esos. Pero con ese polvito marron la cosa es distinta. Es muy distinta.
Bien, volvamos a aquel día en el supermercado. Volvamos a mi sorpresa al encontrar semejante unión: Nesquik + Bananita Dolca.
Como cuando los vi juntos, algunos minutos, a Maradona y Márcico. Como el saludo del Diego al Bocha cuando le dijo: pase maestro, lo estabamos esperando.
Decir que un vaso de esa maravilla de la alimentación transgénica me alegra vida, a esta altura del texto, es redundante.
Y acá va un aviso a la comunidad: si alguién ve un Nesquik sabor frutilla por ahí, avise. Hace años que no lo tomo.
Y soy consciente de que no tiene gusto a frutilla. Porque no falta el aguafiestas que te dice: ehhh si eso no parece frutilla!. Y me nefrega, porque el gusto que tiene, totalmente artificial, capaz de ofender a todas las plantaciones de frutillas de El Bolson, a mi me agrada. Sabe, podriamos decir, a "labarotariodenestlé con colorante rosado levemente afrutillado".
Asi que hoy, con la lluvia que me decia: quedate en tu casa, quedate en tu casa, quedate en tu casa, el sueño acumulado de mil días de dormir poco y el bueno de Jack cantando "Can't you see that it's just rainin'There ain't no need to go outside", me tomé un Nesquik abananitadolcado, subí el volumen del Ipod y me mojé como un buzo al cruzar Plaza San Martín. Pero feliz.