Hablemos de fútbol
Todos los ciclos brillantes terminan en algún momento.
Muchas veces de la manera más extraña. Que a Boca se le escape un campeonato como este, es extraño. De otra forma no se explicaría el revuelo que se armó.
Es que cuando River perdió el torneo al no ganarle a un Huracán que peleaba el descenso, dejando que Boca fuera campeón, nadie se sorprendió. Como nadie se sorprende cada vez que River queda fuera de una Copa.
En cambio, si es sorprendente que el máximo exponente del fútbol argentino, el equipo con más títulos internacionales del mundo y el sinónimo de templanza y garra futbolera, se deje robar un campeonato de esta forma. Eso si es sorprendente.
Todo ciclo brillante termina, dije. Y el ciclo que empezó Basile y que ganó todo lo que jugó durante varios campeonatos culminó con Lavolpe. Un técnico con ideas, con fundamentos, pero un tanto inocente para el fútbol vernáculo.
Todo ciclo brillante termina y termina mal, como canta el Salmón. Sino veamos como terminó la era Bianchi. Que, sin dudas, fue la era más gloriosa que algún club argentino haya vivido. Comparable, tal vez, con la racha copera de Independiente, la que también terminó mal. Tan mal que todavía no se recuperan.
Un técnico inocente, dije. Y Lavolpe lo fue. En el fútbol de hoy, por más que nos pese a los que nos gusta el fútbol ofensivo, tratar de ir al frente todo el tiempo se paga caro. Y se paga más caro todavía cuando el plantel no responde.
Boca, a lo largo del torneo, falló mucho en defensa. Cometió errores tontos. Inocentes.
El medio campo pasó por altibajos y dependió, casi exclusivamete, de los pies de un muchacho de 20 años, con 8 meses en primera, que mientras estuvo acompañado pudo. Pero solo… nadie puede solo, salvo el D10S.
Es que un plantel campeón necesita un balance de experiencia, juventud y hambre de gloria. Y eso lo tuvo estudiantes y no lo tuvo Boca.
El equipo de Lavolpe no estaba equilibrado en el medio. La línea base del equipo la formaron Gago, Cardozo, Marino o Datolo (alternando) y por momentos Ledesma o algún lateral que se sumaba. Algunos no jugaron al nivel que exige Boca y otros fueron inconstantes.
Quizá, arriba, Palermo y Palacio cumplieron.
Durante todo el torneo Boca jugó mal. Tuvo algunos partidos buenos, pero su nivel general no lo fue. Por otra parte, Estudiantes, arrancó mal, pero se niveló y mantuvo ese nivel hasta el final. Nada de fútbol show. Fútbol a lo pincharrata. Efectivo.
El temple del equipo de Lavolpe quedó en evidencia en el superclásico. Un River que lloró más de lo que jugó todo el torneo y se rindió antes de la cuenta, lo goleó sin transpirar demasiado. Pareció que el golpe les enseñó algo, pero contra Belgrano y Lanús demostraron que no. Que el equipo no estaba para campeón.
Las alteraciones tácticas, la imposibilidad de parar durante tres partidos seguidos el mismo equipo y, sobre todo, las desinteligencias de los protagonistas fueron decisivas. Cuando los jugadores no funcionan como equipo, no se puede sostener una campaña. Tarde o temprano se rompe.
En los últimos 10 años, Boca se mareó de tantas vueltas. Un título más, un título menos entre la historia reciente no hace ruido ¿Y el tricampeonato? eso es meramente estadístico. Es para los titulares de los diarios. Al menos yo, jamás pensé en el tri. Me importa que el equipo sea campeón, consecutivamente o no. Eso es lo de menos.
Si al final, lo que importa es lo que se ve en las vitrinas. A la larga no importa si todas esas copas vinieron juntas o separadas. Importa que estén ahí.
Estudiantes tardó 23 años en volver a la gloria. Y dentro de otros 23, nadie va a pensar en cuanto tiempo pasó entre un torneo y otro. Van a contar los títulos y la cuenta va a decir que, por ejemplo, tiene más Copas Libertadores que uno de los grandes del fútbol local. Y la historia va a decir que le ganó una final a otro grande del fútbol local. Así como la historia dice que Boca jamás perdió una final con River, o que con un Monumental repleto de sus hinchas River quedó fuera de una Libertadores.
Es que las finales pueden perderse, es parte del juego. Argentina la perdió con Alemania en el 90 y Alemania fue un justo campeón. Discutiremos después sobre la justicia deportiva y esas cuestines filosóficas que mientras la pelota rueda se desvanecen.
Boca cerró, ayer, uno de los ciclos más exitosos de su historia. Y lo cerró mal, como sabemos que se cierran estos ciclos. Fue perdiendo un torneo imposible.
Cosas que pasan. Cosas que se tapan con gloria. Con la que se lleva sobre los hombres y con la que vendrá. Y que hablen de Boca. Si a todos les gusta hablar de Boca. A los propios y a los extraños. Nos encanta. Les encanta. Bien o mal, todos hablamos de Boca. Porque Boca es el emblema del fútbol nacional. Gane o pierda. Le pese a quien le pese.
Y sobre todo que hablen los campeones porque el resto poco tiene para decir.
A todo esto, ¿Passarella seguirá pensando que hay que anular el campeonato? Che, ahora que lo pienso no es mala idea. ¿Será como dijo Lux entonces?

24cents dijo
trrrrr trrrrr por leer esto casi me muero congelada.
Pero que frio que me dio...
Catarata de mocos...como para no! Se te enfrió el pecho, probrecito.
15 Diciembre 2006 | 06:58 PM