El amor apesta (breve reflexión)
Enamorarse apesta. Nunca la felicidad que te da es comparable con el dolor que te causa. Porque las mariposas en la panza, las miradas idiotas y todo el romanticismo hollywoodense sabemos que no dura. Y no siempre, la caída libre es para dos. A veces es para uno o por turnos, o como sea, pero el golpe duele. Y está el miedo al golpe. Porque no es como andar en bicicleta, que mientras más te caes más te acostumbrás y menos te duele. Al contrario. Cada caída duele más. Y no es que haya andado a los porrazos (golpes, no porros grandotes) pero, como al mar, les tengo respeto.
Para peor, existe un culto al amor que lo fomenta y lo recomienda. Y está bien, pero cuando miramos alrededor el desamor ocupa más y mejores lugares. En el cine, en la música, en las anécdotas, en los consejos… salvo en la publicidad. Claro, el amor vende más.
El desamor ocupa un lugar fundamental y como expresión artística siempre resulta más productivo que el amor. Punto para el desamor entonces.
Y muchas veces, los enamorados, se alejan de sus amigos. Mientras que los desenamorados se acercan. Otro punto para los del corazón roto. Y hay más ejemplos, pero excedería aquello de “breve reflexión”.
El estado de enamoramiento es movilizante, pero nunca tanto como el de desamoramiento. Uno es la causa y el otro la consecuencia. Como el bien y el mal no pueden existir uno sin el otro. Vaya uno a saber, entonces, en donde está el bien y en donde está el mal.
