Faunos, Ninfas y otros bichos...
Siempre me gustaron las historias fantásticas. Esas de caballeros con espadas, escudos y arcos y flechas. Historias donde se atraviesan bosques y valles donde habitan desde inocentes unicornios hasta ocultas y diabólicas bestias capaces de robarles el alma con una mirada. Historias donde todo parece un sueño pero resulta real.
Desde la Odisea hasta el Señor de los anillos, pasando por El mago de Hoz y Alicia en el país de las maravillas o por Calabozos y Dragones,
cualquier cuentito con magos, hadas, dragones o el bicharraco de turno me conquista.
Lo curioso es que, a diferencia de otras historias, no siempre las prefiero en formato libro, por lo general me gustan más en el cine.
Si, la fantasia es uno de los mejores rincones donde puede hacerse cine. Películas como Laberinto, Leyenda, Los Gonnies o la mismísima Star Wars justifican plenamente el invento de los hemanos Lumière. Eso y cada vez que la filman a Jennifer Connelly, pero ese es otro tema.
Hacía tiempo que no veía una buena película con estos condimentos, desde el último Señor de los Anillos quizá. Desde la, no tan buena, Crónicas de Narnia mejor dicho.
Hace unos meses, cuando se realizó el BARS, me quedé con las ganas de ver la última película de Guillermo del Toro. Tal vez lo recuerden de películas como Mimic, Relic o El espinazo del diablo, entre otras.
El Laberinto del Fauno es esa película y anoche me hizo entrar, duranto poco menos de dos horas, en un mundo fantástico. En un mundo en el que no entraba desde que, armado con una caña de colihue, corría por algún bosquesito barilochense mientras mi viejo preparaba el asado.
En la película, una niña de unos 10 años recorre dos mundos aparentemente distintos. Uno, el real, donde vive con un padrastro Capitán franquista que lucha contra un grupo de rojos escondidos en el bosque. Otro, el fantástico, donde sus cuentos de hadas se hacen realidad y debe superar 3 pruebas para demostrar que es la princesa de un mundo subterraneo que no conoce.
Tanto la esperanza como la crueldad habitan en ambos mundos y ella deberá elegir en cual vivir.
Y en ese recorrido nos resulta imposible no meternos en la piel de Ofelia y sufrir, angustiarnos o soñar con ella. Del Toro hizo una película excelente, tal vez la mejor de su repertorio. Inevitable para los que gustan del cine fantástico.
Eso fue a la tarde/noche del domingo.
Después pasé por el video y saqué La dama del agua. Le di otra chance a Shyamalan y está vez volvío a convencerme. Con Sexto Sentido tuvo un debut alto. Después vino El Irrompible, que es su mejor película. Señales, que merece ser eliminada de la historia del cine y La aldea, que va bien pero no me convenció.
La dama del agua nos hace participar de una historia fantástica, donde una ninfa se aparece en un condominio con la misión de dar un mensaje a una persona en particular. Ese mensaje cambiará el mundo y debe llegar a destino.
La historia es simple. Una bed story como la llaman en la misma película. ¿Dónde está el acierto? El principal en una historia redonda, bien narrada y con atmósferas muy bien creadas. Algo que, sin dudas, Shyamalan sabe hacer. Otro acierto, no menor, es el protagónico de Paul Giamatti. Un actor, que siempre estuvo y que Hollywood recién ahora, tarde para mi gusto, empieza a descubrir y que espero nos muestre su aburrida cara en muchas películas más .
La dama del agua no solo juega con la imaginación, nos plantea el pacto de "creer en la historia sin cuestionarla". Con esa premisa más algunas cuotas de muy buen humor funciana. Vale la pena sentarse a verla. En mi caso Shyamalan renovó el crédito que había perdido con Señales.
Dato: como hacía Alfred H., Shyamalan siempre aparece en sus películas. A veces con personajes chiquitos y aquí con un papel importante. Lo destaco porque son cosas que me caen simpáticas en los directores.
